Un día no tan común en mi vida.
Una mañana como las anteriores me desperté por el ruido que producía la alarma que en la noche anterior programé, sin mucho ánimo de despertar, abrí poco a poco los ojos, me levanté de la cama para meterme a bañar y posteriormente arreglarme para ir a la nueva escuela que me esperaba.
No suelo desayunar debido a que no me da tiempo, sin embargo aquel día agarre una concha que se situaba en la bolsa de papel que reposaba en la mesa, salí de mi casa despidiéndome de mi mamá.
Corrí para alcanzar el transporte público ya que éste estaba pasando, por suerte el chofer me vio y se detuvo a esperar a que llegara a él y subirme. El recorrido fue menos de 10 minutos con destino al metro para posteriormente subirme a otro autobús, con un poco de temor ya que no solía irme a la escuela sola y a una gran distancia de camino. El camino no fue tan silencioso gracias al ruido que los habitantes, carros, etc de la ciudad producen. Mi papá me había explicado cómo llegar, en donde bajarme y hacia dónde caminar para llegar a mi destino. Estuve recordando todo eso durante el trayecto mientras escuchaba música en los audífonos.
Al llegar a la parada me percaté de que no era la correcta, por lo que tuve que caminar dos cuadras más hasta llegar en la avenida Manuela Saenz, al llegar a ésta, me fui todo derecho, veía que muchos alumnos iban por el mismo camino que yo; todos con la intención de ir a su escuela muy tranquilamente mientras caminaban por aquella calle. Observando las casas y departamentos que almacenaban el territorio, con autos muy a lo último afuera de las casas, una que otra cortina de comercios cerradas, en el cielo comenzaba a salir el sol pues era al rededor de las 6:30 am. Caminé hasta la escuela y me entré en ella, viendo de nuevo sus instalaciones, todos me parecían raros, me di cuenta de que habían grupos en distintas jardineras sentados conversando entre ellos. Yo no conocía a nadie y me sentía extraña, todos te voltean a ver cuando te encuentras sola. Por suerte sabía donde se situaba mi salón y edificio en donde empezaría mi primera clase del día. Llegué hasta ahí, vi a muchas personas sentados con otra persona a su lado, decidí en sentarme en una banca sola, la maetra entró y dio su clase, que era de Inglés, sin mucho éxito.
Autoras: Campos Silva Ingrid B.
Fernández Lugo Monica Alejandra.
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